viernes, 8 de febrero de 2013

El sitio olvidado de Sebastopool.

Nada. Hora tras hora de absoluto desierto. El viento está cada vez más frio, el aire pesado y la nieve cae en una emboscada a eso de las 3 y media de la mañana.
Ya tampoco un olvidado lugar me agita. Estoy calmado hasta la médula. No hay una parte de mi que piense en moverse el centímetro más innecesario.
No pienso, no siento... vine a dejar de existir un rato, flotando en el tiempo. Quisiera caer hacia un lado, y no lo hago; quisiera caer hacia el otro y tampoco, porque se que la motivación nace adentro y aunque se esconda, no puede salir de donde está. La voy a encontrar con nada más que yo.
Eventualmente el tacto se vuelve distinto y salto un poco. No debe haber refugios para encontrar lo que busco, no hay paradas en el medio del camino ni tampoco un bunker para esquivar los misiles del ataque de los minutos.
La dimensión del silencio cobra sentido y cada tanto llama a ser destruida por inútiles sonidos que se pierden al instante... ella no quiere más que mostrarme todo lo que no veo, ella no quiere más que agonizar de sentido, ella no quiere más que acompañarme.

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